Ya no podemos tolerar mas el hecho de que la cuestión del sentido de la vida, de la espiritualidad quedan bajo el monopolio de unas instituciones religiosas o grupos de personas (generalmente hombres) quien hablan en nombre de la autoridad divina !
Como mujeres musulmanas, tenemos el derecho de hacer una critica constructiva de nuestras propias tradiciones misóginas pero sin dejar de ser lo que somos dentro de nuestra comunidad. Tampoco vamos a caucionar los mitos eurocéntricos de la emancipación, del humanismo y de un cierto feminismo que quier hablar en nuestro nombre.
Hay que iniciar un pensamiento crítico plural de feministas musulmanas a partir de esta "periferia" del mundo donde hablamos, donde vivemos y donde llevamos a cabo nuestras propias luchas.
Nuestras singularidades de mujeres musulmanas del Sur no deben ser marginados por lo que Stuart Hall llama "el viejo universalismo", pero al mismo tiempo no podemos seguir aceptando en nombre de estas mismas especificidades culturales las lógicas de discriminación y de desigualdad.
Ya no queremos ser mas las víctimas antropológicas de los estudios e investigaciones feministas internacionales y de los institutos de estrategias geopolíticas.. Queremos ser libres de nuestra elección de ser lo que somos, con nuestras fuerzas, pero también con nuestras debilidades, vulnerabilidades …. Y esto no se puede hacer, mientras no somos conscientes de la necesidad primero de una profunda autocrítica y secundo de la necesidad de la recuperación de los valores de la libertad y la emancipación a través de unos nuevos paradigmas escogidos de ambos referenciales: el islámico como aquel de la diversidad humana.
Esta es la única manera de superar esta eterna dicotomía de confrontación entre (modernidad / tradición) que está hoy en día en el corazón del debate sobre las mujeres musulmanas y Occidente
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