Además de los efectos individuales, el hiyab tiene una repercusión social. El hiyab no significa la no participación de la mujer en la sociedad sino una presencia seria y digna y justamente por ello, la mantiene, sana y equilibrada. Sin duda alguna, la felicidad de la sociedad depende de la felicidad de la familia, su núcleo principal. La familia es la institución que recoge y educa la futura generación y es el soporte espiritual y sentimental para los miembros de la sociedad. Si ella no esta solidamente conformada, las sociedades entran en crisis profundas, que llevan a la ruina.
Limitar la sexualidad al marco matrimonial es el factor más importante para resguardar y consolidar la familia. La mujer, si vuelve sus sentimientos hacia su familia y guarda su belleza dentro del marco familiar y aparece en la sociedad con dignidad y discreción, brinda, con su conducta, calidez a la familia y la protección que necesitan de ella, por el contrario, con esa actuación egoísta y frívola, la mujer lo que hace es desestabilizar la vida familiar, consiguiendo que el esposo disminuya gradualmente su interés y admiración por ella.
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