Esta polémica ha aumentado en los últimos años; si bien ya existían mujeres participando con hijab (esgrima, atletismo, tenis de mesa…), la atención se ha dado coincidiendo con el aumento en la participación de las mujeres procedentes del Golfo Pérsico y otras mujeres de religión musulmana que han comenzado a (o han exigido) participar con hijab en un mayor número y en distintos deportes en los JJOO.
La participación de las mujeres va aumentando y en los últimos tiempos el mismo COI ha adoptado lógicas de las agendas de cooperación internacional que inciden tanto en la diversidad como en la igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, todavía están lejos de generar modelos de deportistas diversos y el debate continúa estando en cómo deben participar las mujeres que se escapan de los modelos en los que se constituyó el deporte moderno.
A día de hoy, los argumentos contrarios al llamado velo femenino coexisten con las nuevas agendas del COI y muestran la formación eurocéntrica de las instituciones olímpicas (tanto del máximo órgano olímpico, como de muchas de las federaciones deportivas internacionales); instituciones que continúan compuestas en su mayoría por hombres occidentales, lo cual ayuda a anular e invisibilizar en el debate a las propias interesadas.
A día de hoy, los argumentos contrarios al llamado velo femenino coexisten con las nuevas agendas del COI y muestran la formación eurocéntrica de las instituciones olímpicas (tanto del máximo órgano olímpico, como de muchas de las federaciones deportivas internacionales); instituciones que continúan compuestas en su mayoría por hombres occidentales, lo cual ayuda a anular e invisibilizar en el debate a las propias interesadas.
Y es que en todo este debate sobre el uso o no uso del hijab en los JJOO las deportistas de religión musulmana suelen quedar en un segundo plano. Si bien el cambio en las normativas está siendo de una vital importancia para que muchas mujeres puedan participar en los grandes eventos públicos, continúan existiendo otros grandes problemas a resolver para una participación deportiva verdaderamente equitativa, como pueden ser las grandes desigualdades económicas o la intoleracia religiosa.
Las grandes batallas que demuestran mayor atención por su parte vienen también de dentro de sus comunidades, ya que en algunos contextos existe una disputa de relevancia en cuanto a si las mujeres pueden realizar deporte en lugares públicos, llegando a impedirles la práctica deportiva. En estos casos las disputas sobre lo apropiado de practicar deporte parte de la interpretación del Corán y concretamente de un hadiz que trata una carrera de Mahoma con su esposa Aisha. Es decir, esta vez las argumentaciones vienen desde dentro del propio Islam y en concreto de cómo se interprete el citado hadiz.
En ese sentido, la hermenéutica coránica de género de la que participan las feministas islámicas es una gran herramienta con la que operar, revisar los modos discriminatorios y patriarcales en los que se ha interpretado y dar el protagonismo a las deportistas practicantes de esta religión. Así, identificar la negativa a la participación con los sesgos que justifican la superioridad masculina, son vitales para posibilitar la práctica en público de actividad física por parte de la totalidad de mujeres musulmanas.
En ese sentido, la hermenéutica coránica de género de la que participan las feministas islámicas es una gran herramienta con la que operar, revisar los modos discriminatorios y patriarcales en los que se ha interpretado y dar el protagonismo a las deportistas practicantes de esta religión. Así, identificar la negativa a la participación con los sesgos que justifican la superioridad masculina, son vitales para posibilitar la práctica en público de actividad física por parte de la totalidad de mujeres musulmanas.
Aunque como se ha visto desde el comienzo el modelo a defender por parte del COI se ha ido moviendo a través de modelos autorreferenciales, el principal, el varón occidental individual, es aún hoy el modelo máximo del olimpismo, y es este sujeto la guía a imitar ya sea en función de sus marcas, sus destrezas, su físico…
Y a pesar de que la voluntad del COI de aumentar la participación de estas mujeres parezca firme, es aún muy débil; el aumento de la participación de las mujeres musulmanas y su exigencia de poder compaginar su experiencia deportiva con su experiencia religiosa está sucediendo y está sirviendo para relanzar el debate del derecho de las musulmanas a practicar deporte y a cómo practicarlo, destacando su autonomía y generando modelos a seguir para otras mujeres.
Y a pesar de que la voluntad del COI de aumentar la participación de estas mujeres parezca firme, es aún muy débil; el aumento de la participación de las mujeres musulmanas y su exigencia de poder compaginar su experiencia deportiva con su experiencia religiosa está sucediendo y está sirviendo para relanzar el debate del derecho de las musulmanas a practicar deporte y a cómo practicarlo, destacando su autonomía y generando modelos a seguir para otras mujeres.
El deporte es además una gran herramienta para la educación en valores de tolerancia y comprensión religiosa, el aumento de la participación de mujeres ofrece a las niñas musulmanas modelos a admirar e imitar más allá de las referencias occidentales. Modelos fuertes que pueden ayudar a otras a la hora de ejercitar sus propias interpretaciones, y seguir su propio camino.

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